3.7.17

Sobre Pizarnik y yo

Durante muchos años, personas que me leían por primera vez, me preguntaban si me gustaba mucho Pizarnik, porque notaban cierta influencia en mis versos. La realidad es que nunca la había leído. Desde hace un año estoy leyendo su obra en poesía y prosa, y voy entendiendo de qué me hablaban, aunque no le llegue ni al dedo meñique de su mano escribiente. No hay ni habrá otra igual a ella jamás.
Sí, me enamoré de Alejandra, y me identifico en sus versos que explotan de intensidad y se desgarran, en esa loba arañando todas las paredes de su ser buscando salida, en su estructura desestructurada.
Es la referente femenina que estuve buscando por años; no la poetisa de corazón inmaculado que habla de flores y amores floridos, sino la poetisa de corazón herido y enmendado, que usa la palabra como alcohol que arde para sanar heridas. No es la poetisa que habla de la dulzura de la miel sino de todo lo que acontece en la oscuridad del panal para que chorree esa lírica pegajosa, que medio molesta en su versatilidad mas envicia en el deseo de saborear hasta el espesor de su última gota.

Ay, Alejandra, te leo y me estremezco, y sé que aunque me despedace y me desarme en mil alaridos mi aullido no alcanzaría a ser tan fuerte como el tuyo.
Luego de tantos años llegaron a mí tus letras, tenía que pasar mucho, vivenciar las inevitables intensidades que adolecen al alma poeta, para poder entenderte cuando te leyera, para que mi lágrima o mi suspiro se una a los tuyos en el papel.
Ay, Alejandra, quién tuviera tu habilidad para desglosar las hondonadas y abismos inherentes al ser humano y la idiosincrasia de mujer y colocarlo todo en versos breves u oraciones interminables, tus letras resistentes como un cajón de roble, allí lo has guardado todo, y allí me guardo con vos a veces.

Natalia Sol Peralta

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